
Odio la docencia y mi consultorio. Gobernar, educar y curar es imposible. Bueno, luego de estas palabras de aliento, veamos:
Mara de la UBA me pide algún ejemplo de diferencias entre el neurótico y el psicópata.
Veamos.
Ejemplo 1): es propio de la locura la incapacidad de metaforizar. Es decir: si tu profe bobo neurótico de taller literario te dice «tengo un disparador», significa que tiene una consigna convocante que puede dar origen a «algo» (como un escrito, digamos).
Ejemplo 2): si un psicópata te dice «tengo un disparador», empezá a correr antes de que te vacíe un calibre. A no ser que quieras divertirte más que en el taller literario y jugar a la masacre de Virginia, en vez de dedicarle un poemita a cada polvo que no te echaste.
P.D: No sé mi amor por qué en EE UU cada dos por tres un estudiante abre fuego contra sus compañeritos ¡ Siento tan lejos esos adelantos del primer mundo!
Jorge de Lanas me hace esta interesante pregunta
Laika: —¿Por qué cada vez que estoy en la cama con una chica, próximo al encuentro sexual, debo soportar que ella comience a jugar con sus muñecos de peluche y, lo que es peor, los haga hablar?
Querido Jorge: Tengo 2 (dos) reacciones contrapuestas. La primera es preguntarte ¿con qué clase de pelotudas te estás acostando? Por otra parte, pienso que es muy probable que el pelotudo seas vos. Pero aquí afloran mis instintos maternales y profesionales. Te doy un consejo, muñeco: Si ella hace hablar a su osito NO LO ESCUCHES, sobre todo si estás de ácido. Es muy probable que escuches al simpático amuleto gritarte cosas como «cornudo». Te doy una buena estrategia: podés tirarle unos pesos a esta mascota peluda, para que haga de intermediario entre vos y tu chica. Eso nunca falla. Por otro lado, el deseo aterra porque es innombrable, inapresable y vertiginoso y, como la muerte, nos deja desnudos ante el misterio. Entonces ¿cómo no vamos a experimentar pequeñas regresiones ante ese abismo que se abre? Además, tus buenas puñetas te habrás hecho cuando tu chica se hace la nena. Así que dejate de joder.
P. D.: Otro consejo de onda, matate. El mundo va a continuar sin vos.
P.D. 2: Chicos, sigan enviándome sus dudas. Bye.
Cacho de Castaña Gonzaga me pregunta acerca de si el gran miedo del ser humano es a amar o a ser amado.
Todos hablan del miedo a la soledad. PATRAÑAS. El mayor miedo que tiene y ha tenido el ser humano es a SER AMADO. ¿No resulta patético observar la cantidad de obstáculos que ponemos al deseo?: psicomatizaciones, las variadas formas de la histeria, resistencias de toda clase. Es simple. El temor a nuestra senxualidad esconde el temor a nuestra agresividad y viceversa. Nos autoagredimos con boicots de todo tipo por temor a ser salvajes, a despedazarnos en el cuarto de un hotel. Coqueteamos con todas las formas de la muerte porque tememos descubrir que estamos vivos. Hemos convertido a la culpa y el temor en nuestros carceleros más poderosos. Es tan simple dividir al mundo entre buenos y malos. Pero el instinto aflora tarde o temprano. Somos animales vulgares.
Mi maestro me decía: «Entre dos personas existe el deseo o la muerte» ¿y por qué no las dos cosas? Bye.